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Revista ALTAÏR
nº 60/01 - Julio 2.009
PVP
5,95 €
ESCOCIA
Con señas de
identidad
MELODÍAS CÉLTICAS Y LUCES DEL
NORTE
Es un país con mística, mucha y muy diversa. Para empezar, la emanada por su
territorio, donde la naturaleza se manifiesta con toda la grandiosidad de los
mundos sin dulcificar por la mano del hombre.
También está la mística boreal, unida a unas latitudes que, en el caso de las
islas Shetland, superan los 60 grados Norte. Esta localización hace que los
archipiélagos escoceses y las Highlands (Tierras Altas) tengan unas luces y unos
cielos de una limpidez inimaginable en otras regiones.
Existe una tercera mística vinculada a la esencia gaélica y a las raíces celtas.
Poco importa que sus manifestaciones sean inconexas y formen una amalgama
neorromántica en la que se admiten desde la vitalista música local hasta las
leyendas de enanos, gnomos, monstruos, fantasmas y aparecidos, o la inagotable
presencia de yacimientos prehistóricos e historiadas cruces medievales.
Y hay, todavía, la mística propia de la resistencia secular contra un vecino
expansivo y dominante, Inglaterra, que forjó la imagen irreductible de los
escoceses, siempre al filo de la algarada en defensa de sus derechos. País
antiguo, el territorio escocés está cuajado de castillos y abadías cuya
majestuosidad culmina en la capital, Edimburgo, y en la región de las Lowlands,
puente y campo de batalla a lo largo de la historia.
Pero el recorrido por Escocia quedaría muy incompleto si no abordase, además, su
actualidad más inmediata, inexorablemente unida al hallazgo de petróleo en el
mar del Norte. Su explotación, que ha impulsado la prosperidad general, también
abrió el debate sobre la propiedad de esa riqueza. Secuela de esa controversia,
un porcentaje significativo de la población enarbola hoy la bandera soberanista,
amagando con dar fin a los tres siglos de pertenencia al Reino Unido.
Uno de los focos de esa desafección es Glasgow, cuyos astilleros calafatearon el
poderío naval del antiguo Imperio Británico. Lastrada con la etiqueta de ciudad
“fea” y arrabalera durante años, se ha reinventado a sí misma en las dos últimas
décadas, hasta convertirse en un escaparate mundial de la arquitectura y el
urbanismo contemporáneos. Glasgow presume hoy de una agenda cultural
intensísima, siendo una visita obligada para quienes desean estar a la última en
artes plásticas o música.
La magnitud de un viaje, queda claro, no depende de la distancia. En el caso de
Escocia, su relativa proximidad es, simplemente, una ventaja añadida para un
experiencia llena de alicientes.
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