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Revista ALTAÏR
nº 53/01 - Mayo 2.008
PVP
5,95 €
CRETA, RODAS Y KARPATHOS
En los
confines del Egeo
MÁS QUE UNA ISLA, UN CONTINENTE
Creta seduce a través de la piel, la emoción y el reconocimiento: naranjos y
olivos, montañas abrasadas, el azul del mar, pulpos secándose al sol, barrancos,
santuarios de cien épocas y creencias, niños que pelotean, viñas, cabras… Más
que una isla, es un continente, un mundo. No por su tamaño, ni por la
demografía, pero acumula tanta historia, tanto éxtasis y tanto sufrimiento, que
su aprendizaje requiere tiempo. También la orografía: tres grandes macizos se
alzan en un palmo de terreno y superan ampliamente los dos mil metros de
altitud. Un sendero señalizado, el E-4, hilvana sus soledades y ofrece una de
las experiencias pedestres más excitantes en Europa. Su trazado acerca, además,
a varias de los miles de cuevas que agujerean la corteza insular. Allí se
escribieron memorables episodios de nuestro acervo común: generosa,
contradictoria, Grecia nos obsequió muchos de sus mitos en la isla, antes de
relativizarlos con la razón en Atenas.
Entre montañas y mar, se suceden los bosques de cipreses, robles, castaños, los
encinares, los campos de frutales e incluso exóticos palmerales en el litoral.
También los plátanos, que colonizan las plazas de los pueblos y brindan su
cobijo durante la canícula. Ahí, en las mesas de los cafés, al fresco, vaso de
vino en ristre, los lugareños debaten sobre asuntos candentes de la política
local, o de la inminente y bulliciosa ceremonia —bautizo, enlace, sepelio…— que
los reagrupará a todos, residentes y emigrantes, durante horas o días. También,
sobre las últimas creaciones de los poetas griegos actuales. Porque el aspecto
rústico de los contertulios no debe engañar: este es un país de cultura; mucha,
profunda. Desde los tiempos minoicos, cuando la isla nutrió la primera gran
civilización europea que se conoce. Entonces, como hoy, Creta ya miraba a África
o a Asia Menor tanto como a Atenas, sin por eso dejar de ser la más
esencialmente griega de todas las islas.
Sobre todo eso trata este monográfico. También de las presencias veneciana y
otomana, o del protagonismo de la Iglesia Ortodoxa en el día a día, adquirido
merced a su implicación en todas las refriegas contra cualquier poder ilegítimo.
Por último, proponemos un salto a dos islas tan cercanas como interesantes:
Rodas, un ciclópeo vestigio de los tiempos de las cruzadas; y Karpathos, más
agreste y tradicional.
Las tres, Creta, Rodas y Karpathos, destilan luz, belleza y sabiduría; las tres
son Grecia químicamente pura.
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