CORREO DEL LECTOR

     
     AMAZONAS. La última frontera   / Nº 63 - Enero 2010

 
 
 


Siria, destino para niños
Aquellos que viajéis con niños, apuntaos Siria como destino a considerar. El país carece de modernos parques de atracciones, pero tiene muchos alicientes para los pequeños. Imaginadlos jugando por la noche al escondite entre las majestuosas ruinas de Palmira, correteando por los restos de Apamea, la mágica vivencia de un hammam (baño público) o explorando fortalezas medievales como el Crak de los Caballeros o la ciudadela de Alepo. Una delicia.
Además, es un país muy fácil: los hoteles de nivel medio son confortables y limpios; la cocina, sabrosa y mediterránea, usa ingredientes conocidos; y la gente es muy hospitalaria con los pequeños, a los que agasaja continuamente.
Eva Moreno / Sant Celoni (Barcelona)


Una reivindicación ligada a la toponimia
En el número 61 de ALTAÏR, dedicado a la Antártida y Tierra del Fuego, se hace alusión al paso o pasaje de Drake. Quiero reivindicar su denominación más justa de mar de Hoces, en homenaje al marino español Francisco de Hoces, descubridor de dicho paraje en una dramática expedición en el año 1525, casi 55 años antes que Francis Drake. Bien está que los ingleses se arroguen llegar siempre los primeros a todas partes, pero no veo por qué los demás tenemos que seguirles el juego.
Para más inri, chilenos y argentinos lo llaman respectivamente paso Drake y pasaje de Drake en sus cartas y mapas. Pero ambos países tienen el proyecto de cambiar su denominación por mar de Piedra Buena, en homenaje a un marino del siglo XIX. Todo sea por no reconocer a su auténtico descubridor.
Creo que, por derecho propio, debe primar la denominación mar de Hoces, única respetuosa con la historia de la navegación. Una solución de compromiso sería nombrarlo mar de Hoces y, a continuación, entre paréntesis, paso de Drake, la denominación anglosajona. Pero siempre dando prioridad a mar de Hoces.
José Luis García / Bilbao

Puntualización florentina
Me encantó su monográfico del número 62 de ALTAÏR, dedicado a Florencia y Toscana. Me permitió revivir, y añorar, mis años de estudiante de Arte en la capital de los Medici. Pasé nueve meses allí, y debo reconocer que, después de leer los distintos reportajes, tendré que regresar, puesto que me dejé un montón de atractivos. Entre ellos, una cata de los distintos manantiales que, con grata sorpresa, me descubre su colaborador Andrea Semplici.
También me identifiqué con su colaborador Raimon Portell, a quien le flaquearon las piernas cuando vio la cúpula de Brunelleschi. Quizá se deba a tal efecto que se colase un error en su reportaje sobre el Renacimiento: cita a Leon Battista Alberti como nacido en Florencia, cuando en verdad nació en Génova. Allí se encontraba su familia sufriendo exilio. Alberti solo conocería Florencia al cumplir los treinta años.
Pilar González / Huesca

Interés por las rutas de peregrinación
Quiero felicitaros por el reportaje sobre la Vía Francígena, publicado en el número 62 de ALTAÏR. Me pareció muy interesante, por los alicientes del trazado y su muy escasa difusión en España. En ese sentido, me encantaría que la revista se hiciera más eco de este tipo de recorridos a lo largo del mundo, propuestas que aúnan interés histórico, aliciente senderista y una motivación profunda, vinculada a la espiritualidad.
Ignacio Martín / Madrid

 

     

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