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Siria, destino para niños
Aquellos que viajéis con niños, apuntaos Siria como destino a
considerar. El país carece de modernos parques de atracciones, pero
tiene muchos alicientes para los pequeños. Imaginadlos jugando por la
noche al escondite entre las majestuosas ruinas de Palmira,
correteando por los restos de Apamea, la mágica vivencia de un hammam
(baño público) o explorando fortalezas medievales como el Crak de los
Caballeros o la ciudadela de Alepo. Una delicia.
Además, es un país muy fácil: los hoteles de nivel medio son
confortables y limpios; la cocina, sabrosa y mediterránea, usa
ingredientes conocidos; y la gente es muy hospitalaria con los
pequeños, a los que agasaja continuamente.
Eva Moreno / Sant Celoni (Barcelona)
Una reivindicación
ligada a la toponimia
En el número 61 de ALTAÏR,
dedicado a la Antártida y Tierra del Fuego, se hace alusión al paso o
pasaje de Drake. Quiero reivindicar su denominación más justa de mar
de Hoces, en homenaje al marino español Francisco de Hoces,
descubridor de dicho paraje en una dramática expedición en el año
1525, casi 55 años antes que Francis Drake. Bien está que los ingleses
se arroguen llegar siempre los primeros a todas partes, pero no veo
por qué los demás tenemos que seguirles el juego.
Para más inri, chilenos y argentinos lo llaman respectivamente paso
Drake y pasaje de Drake en sus cartas y mapas. Pero ambos países
tienen el proyecto de cambiar su denominación por mar de Piedra Buena,
en homenaje a un marino del siglo XIX. Todo sea por no reconocer a su
auténtico descubridor.
Creo que, por derecho propio, debe primar la denominación mar de
Hoces, única respetuosa con la historia de la navegación. Una solución
de compromiso sería nombrarlo mar de Hoces y, a continuación, entre
paréntesis, paso de Drake, la denominación anglosajona. Pero siempre
dando prioridad a mar de Hoces.
José Luis García / Bilbao
Puntualización
florentina
Me encantó su monográfico del
número 62 de ALTAÏR, dedicado a Florencia y Toscana. Me permitió
revivir, y añorar, mis años de estudiante de Arte en la capital de los
Medici. Pasé nueve meses allí, y debo reconocer que, después de leer
los distintos reportajes, tendré que regresar, puesto que me dejé un
montón de atractivos. Entre ellos, una cata de los distintos
manantiales que, con grata sorpresa, me descubre su colaborador Andrea
Semplici.
También me identifiqué con su colaborador Raimon Portell, a quien le
flaquearon las piernas cuando vio la cúpula de Brunelleschi. Quizá se
deba a tal efecto que se colase un error en su reportaje sobre el
Renacimiento: cita a Leon Battista Alberti como nacido en Florencia,
cuando en verdad nació en Génova. Allí se encontraba su familia
sufriendo exilio. Alberti solo conocería Florencia al cumplir los
treinta años.
Pilar González / Huesca
Interés por las rutas de
peregrinación
Quiero felicitaros por el reportaje
sobre la Vía Francígena, publicado en el número 62 de ALTAÏR. Me
pareció muy interesante, por los alicientes del trazado y su muy
escasa difusión en España. En ese sentido, me encantaría que la
revista se hiciera más eco de este tipo de recorridos a lo largo del
mundo, propuestas que aúnan interés histórico, aliciente senderista y
una motivación profunda, vinculada a la espiritualidad.
Ignacio Martín / Madrid
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