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Revista ALTAÏR
nº 52/01 - Marzo 2.008
PVP
5,95 €
LA NUEVA CHINA
El futuro hoy
LA MISMA VELOCIDAD CON OTRAS NORMAS
Durante los últimos sesenta años, China ha hecho un esfuerzo descomunal para
alimentar a centenares de millones de sus ciudadanos que vivían en la miseria.
Todo se supeditó a ese objetivo, y cuanto pudiera ralentizarlo, se ignoró —o
reprimió— sin ninguna contemplación: derechos individuales, medio ambiente,
creencias religiosas, identidades distintas de la mayoritaria… El sacrificio ha
sido grandísimo; el dolor causado, ingente. Pese a todo, China, hoy, come. Por
eso, el país está en condiciones de encarar nuevos retos. El primero, el mayor,
definir cómo quiere ser en el futuro. Y pretende hacerlo, además, sin detener su
vertiginoso desarrollo. Sobrada de dinero gracias a las exportaciones,
reconstruye sus ciudades sin reparar en medios, seducida por la arquitectura y
el urbanismo más futuristas. Ese escaparate deslumbrante no contradice el
desafío de seguir generando alimentos suficientes para que más de mil
trescientos millones de personas coman varias veces al día.
China, efectivamente, aspira a crecer más, a crear más riqueza y a repartirla
mejor, y el motor de ese cambio, la fuente de las ideas y de los proyectos, es
el este del país, la región que aborda este monográfico. Su vitalidad sacude la
totalidad del territorio, desde el desierto del Gobi hasta las montañas de
Sichuan o Yunnan. Sin embargo, ese desarrollo solamente será sostenible si se
replantea la gestión ambiental; la contaminación es una nube que se cierne sobre
el futuro. Por otra parte, el aumento del nivel cultural y de vida exigirá,
necesariamente, mayores libertades y la participación de los ciudadanos en las
grandes decisiones colectivas. El futuro es todavía incierto, pero, con
seguridad, no se parecerá al pasado, ni siquiera al más reciente. Ojala incluya
el respeto a la diferencia entre sus logros.
Hoy, China está de moda…, como siempre estuvo. Pero ya no es solo por su
exotismo, su civilización milenaria o sus valores eternos. La Gran Muralla o la
Ciudad Prohibida permanecen como imanes para los viajeros. No obstante, estos
tienen muchas otras razones para la visita, por encima incluso de los Juegos
Olímpicos de Beijing o de la Exposición Universal que Shanghai organizará en
2010. Por ejemplo, la fascinación de descubrir un país capaz de pasar de una
situación medieval al siglo XXI en menos tiempo del que dura una vida humana
media, y sin más recursos que el tesón y el sacrificio de sus gentes.
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